Áreas Naturales

El sargazo en el caribe mexicano: De la negación y el voluntarismo a la realidad

Por Alfonso Aguirre Muñoz

Agosto de 2019

Las opiniones aquí expuestas son personales y no reflejan necesariamente las opiniones de FMCN.



1. EL "NUEVO MAR DE LOS SARGAZOS": UN FENÓMENO COMPLEJO

A partir de 2011 y sin previo aviso se detectaron en el mar Caribe agregaciones significativas y atípicas de sargazo pelágico o flotante de las especies Sargassum natans y S. fluitans. Ahora sabemos que esta gran biomasa de sargazo sigue una corriente marina que circula por latitudes tropicales desde las costas del Atlántico oriental, frente a África occidental y la desembocadura del río Congo, para llegar al mar Caribe y el golfo de México después de haber pasado por las costas del noreste de Brasil, frente a la desembocadura del río Amazonas y girar finalmente rumbo al norte. 

Así, a lo largo y ancho de las playas turísticas del Caribe mexicano y de los demás países caribeños comenzaron a presentarse —primero de manera incipiente y luego en forma muy considerable a partir de 2015— arribazones de sargazo. Tratándose de un fenómeno inédito tomó a todo mundo por sorpresa. Por igual desconcertó a científicos, hoteleros y turistas, como a pescadores y gobiernos nacionales y subnacionales. El que esto escribe, volando en helicóptero sobre el Caribe entre Mahahual y el banco Chinchorro a principios de esta década, en preparativos para una erradicación de rata negra en el cayo Centro del archipiélago, no pudo reconocer en primera instancia de qué se trataban las conspicuas y largas manchas de color café en altamar sobre las claras aguas caribeñas. 

Desde entonces la nueva biomasa de sargazo —distinta al Mar de los Sargazos descubierto por Cristóbal Colón— ha crecido en forma muy significativa a lo largo de esta década. En el ámbito científico, ya reconocido como un fenómeno nuevo y de dimensiones colosales, adquirió identidad propia: "El Nuevo Mar de los Sargazos" (IRD 2018) o el "Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico" (Wang et al. 2019). Para 2018 y 2019 el volumen y extensión de este sargazo en el Atlántico ya se había tornado alarmante. Se estimó que en junio de 2018 su peso vivo en el mar fue de más de 20 millones de toneladas, distribuido a lo largo de una extensión de más de 8,850 km (Wang et al. 2019).

La presencia del sargazo en las playas y costas caribeñas choca de manera frontal con la imagen idílica de la región: aguas color turquesa y playas de blanca arena asociadas a los arrecifes de coral, que es el argumento fundamental para atraer turistas nacionales y extranjeros. En lugar de este bien asentado imaginario colectivo internacional tan particular, se ha vuelto lugar común en los últimos años que las playas caribeñas estén saturadas de arribazones de sargazo que cubren la arena, a veces desprendiendo malos olores y gases. Las propias aguas aledañas a las playas con frecuencia —en especial de marzo a octubre— están también llenas de sargazo y de color café. 

Así, el impacto económico y social en toda la región caribeña es de extrema gravedad. En particular representa un problema abrumador para el turismo. Esta actividad es una fuente de ingresos de primordial importancia para 35 países, estados y territorios del Gran Caribe, muchos de ellos insulares y ya de por sí con serias amenazas relacionadas con el cambio climático y el probable impacto sobre la integridad de sus territorios por eventuales aumentos en el nivel del mar. Para June Sooner, Secretaria General de la Asociación de Estados del Caribe, se trata de un "desastre natural", de un reto y quizás también de una oportunidad para desarrollar un nuevo modelo de turismo realmente sustentable para la región (Ruiz 2019a). 

En el caso de México, más allá de fundados cuestionamientos sobre el modelo depredador en lo social y en lo ambiental que ha seguido hasta ahora el turismo de playa (Navarro 2019a, Córdoba y Ordóñez y García de Fuentes 2003), se trata de una actividad económica de enorme e indudable relevancia por sus dimensiones: la mitad de los ingresos nacionales de todo el sector turístico se genera en los destinos del mar Caribe, ascendiendo a 11.5 mil millones de dólares en el año 2018 (Alegre 2019). 

Otro impacto, y que pudiera ser incluso más grave para la economía de la región del Gran Caribe, es el efecto del sargazo sobre los ecosistemas costeros actuales, en especial el Sistema Arrecifal Mesoamericano, los pastos marinos, los manglares y en general los humedales. Esto incluye a toda la vida silvestre y los recursos pesqueros que la región ha provisto desde tiempo inmemorial.

El fenómeno, dado que en él convergen las más distintas escalas de espacio y tiempo, así como los más diversos actores sociales e intereses, es complejo por definición. Para comprenderlo y explicarlo en términos científicos se impone abordarlo como tal —como un fenómeno complejo—, con enfoques interdisciplinarios, sumando a las ciencias exactas, las naturales, las sociales y las humanidades. Las ciencias marinas y de la atmósfera, y la economía, habrán de jugar un papel central en este caso. Una exploración preliminar en relación con los posicionamientos de los variados actores, hace también evidente la necesidad de hacer análisis formal social, de discurso, de política y gobernabilidad, reconociendo de antemano la integración de los niveles micro, meso y macro y sus interacciones (Salles 2001). 

Por la gravedad del asunto y sus consecuencias en el futuro inmediato y eventualmente en el largo plazo, se impone asimismo generar escenarios e imaginar opciones concretas para la toma de decisiones. La conmoción coyuntural demanda la construcción de consensos amplios y bien informados, orientados a la acción (Habermas 1987): desde las respuestas más inmediatas y urgentes hasta medidas que incorporen las visiones estratégicas y consideraciones sobre el cambio climático, así como planteamientos de cambios deseables en lo social y lo económico. De hecho, este caso concreto nos abre, por la propia necesidad de sobrevivencia, un espacio ejemplar de reflexión, de aprendizaje y acción sobre lo que el futuro ya nos adelanta en relación con el cambio climático. Otros fenómenos similares en dimensión e impacto ya se presentan en el planeta, y muchos otros están por llegar. Es una expresión más de un profundo cambio de régimen de la ecología del planeta. 

2. LA NEGACIÓN Y EL VOLUNTARISMO

Un primer análisis sobre los posicionamientos de los actores sociales muestra cómo, a pesar de las evidencias, ha sido común negar la dimensión, la persistencia y la complejidad del fenómeno, inclusive en tiempos muy recientes, cuando ya la realidad es avasalladora.  

Algunas resistencias frecuentes, instrumentales o inconscientes, tienen que ver con el no reconocimiento de la complejidad del fenómeno. Al negar que las causas son múltiples y concurrentes, las explicaciones más simples nos ofrecen en consecuencia y de manera voluntarista soluciones fáciles y la ilusión de control sobre el destino; o se abre la posibilidad de hacer responsables a otros actores, países o circunstancias. Una serie de contradicciones y ambigüedades expresadas sobre este tema por actores relevantes, que no abonan a respuestas realistas y eficaces, han sido analizadas puntualmente en el marco de un encuentro internacional convocado en junio de 2019 por el gobierno del estado de Quintana Roo (Robles de Benito 2019).

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